esto se llama escribir al crudo, crudo como el
carpaccio y crudo como el kibbe; es decir sin
sazonar y sin cocinar.Crudo, sin hacer
borradores y sin pensar en que se escribe,
crudo como un feto de humano. Escribir sin
pensar,dejando que mi conciencia haga toda la
tarea. ya son las 6 am...pensá lo que querás
(no soy ni argentino ni uruguayo). Hoy cumplo
25 años,a veces siento que me falta algo para
esta edad; pero tengo mi hijo y me faltan otras
cosas; en esta vida: el que tiene en un lado le
falta en el otro, parece injusto ¿verdad? mi
esposa duerme en la cama: yo soy
elguardaespalda y/o guardián que vela sus
sueños, joder que sí hemos tenido problemas
(tampoco soy español).La quiero; a veces la
odio y me provoca dejarme llevar por mi
impulsividad (te toca inferir), pero la amo, de
verdad la amo, es mi mujer.Sólo ella y mi madre
son las dosque me conocen, predicen. Amor de
madre; es una bonita frase para un tatuaje;
amor inconicional como erich fromm lo explica
en su arte de amar. Es bien agradable velar el
sueño de tu hijo y de tu mujer; disfrútalo.
Tengo tiempo que no posteo en el blog, jajaja
no tengo seguidores y los que me han leído es
porque se yo les hablé al respecto. Coño casi se
apaga la laptop por falta de pila, ya la
enchufé; que rápida es la tecnología esta
computadora era la más cara y arrecha en el
mercado (HP cartelúa),en menos de dos meses ya
estp es un cagajón, jajajajaja; lo que manda es
monitor wide screen touch. Este es excelente
momento para escribir (estoy solo); siempre he
pensado que para la inspiración no hay nada
mejor que las musas: depresión y tristeza o amor
desaforado; me siento bien. Sólo
sentí que era el momento, te gusta esta mierda?
a mi me parece que es egoísta, porque siento
que es para mí y para mi mitad. Cómete este kibbe y si te da
diarrea me avisas. J.A.D.M
P.D: que se joda la enmienda constitucional!!!
P.D2. "La política es invento del diablo" Carlos Andrés Perez.
lunes, 22 de diciembre de 2008
lunes, 1 de diciembre de 2008
miércoles, 5 de noviembre de 2008
"relámpagos"
Quiero correr en este valle de palabras, quiero nadar en otros mares de conciencia acumulada por sueños que se adhieren a ilusiones tan llenas de falsedad, vivo intentando buscar la verdad y cada día que pasa me golpea con su funesta realidad; es absurdo y no concuerda, la vida es bella y es pequeña nos enseñan para luego ahogarnos en nuestras propias lágrimas que nos inundan, las personas que están locas son las cuerdas y las estrellas no existen si no las miras, caminas y sigues tu sueño que se convierte en pesadilla otra vez más y tú cansado te vas a casa; un triste borrego caminando en el andén, esperando en el pasillo sin saber lo que le viene; la misma ignorancia que sufrimos, otro día que pasa sin mirar el sol, sin darte cuenta que el presente está aquí y ese es tu regalo, el futuro y el pasado no existen ni son valiosos, mejor disfruta tu momento que mañana no sabemos, que pasa, luego pasa gente y se disfraza con máscaras tan coloridas, para evitar el blanco y negro que mantiene oscura el alma y que está caída, respira disfruta el aire: no confíes que es recurso inagotable, inalcanzable, como el cielo, no lo lamentes que tu espíritu es gigante cuando luches con la gente, cuando otros caen eso es suerte; es especial cuando viene la muerte y la esperamos, no es ser valiente, es estár consciente e iluminarse de repente; la vida pasa, aparece y desaparece como los espíritus que habitan en esta raza. J.A.D.M
lunes, 3 de noviembre de 2008
El Eterno Retorno.. (No hay nada que puedas hacer).
Por qué me apasiono cuando te beso mujer? si yo sé que esto ya sucedió antes y que te escogí por ser la mujer que mi subconsiente quizo tener.
Por qué me sorprendo cuando estoy en el fondo del abismo? si sé que estuve allí antes en las mismas circunstancias y no hice nada para evitar caer.
Por qué escogí perderte y perderme en el camino? sabiendo que iba a ser este mi desdichado y cruel destino.
Por qué tengo que vivir viendo un pasado futuro y un futuro en el pasado y me siento solo a esta vida condenado?
Es el eterno retorno; el vivir sin recordar, el sentir sin meditar,ciclo para vivir y sentir;solo para observar o como te diría tu mamá el mirar pero sin tocar ...
Por qué me sorprendo cuando estoy en el fondo del abismo? si sé que estuve allí antes en las mismas circunstancias y no hice nada para evitar caer.
Por qué escogí perderte y perderme en el camino? sabiendo que iba a ser este mi desdichado y cruel destino.
Por qué tengo que vivir viendo un pasado futuro y un futuro en el pasado y me siento solo a esta vida condenado?
Es el eterno retorno; el vivir sin recordar, el sentir sin meditar,ciclo para vivir y sentir;solo para observar o como te diría tu mamá el mirar pero sin tocar ...
Un pantano
En la superficie, abundan las flores de loto y allí, flotan las ideas y las conciencias colectivas rodeadas de arquetipos, paradigmas y prejuicios. Muchos metros más abajo, en la parte más recóndita del pantano, desaparece el oxígeno y traumas, tragedias y horribles experiencias gritan desesperadamente con caras humanas transfiguradas en monstruos, encerrados sin poder salir; siendo esto inevitable en alguna noche de truenos.
El hombre, ciego por su propio estado y preso de su propia raza, es incapaz de decidir en el transcurso de sus días, y aunque cree fuertemente que es libre de pensamiento y que posee propia voluntad, es cautivo en un pantano del que no puede escapar, adormilado y en estado de trance, para intentar evitar el sufrimiento... innato de todos los seres vivientes desde el origen hasta el final. J.A
El hombre, ciego por su propio estado y preso de su propia raza, es incapaz de decidir en el transcurso de sus días, y aunque cree fuertemente que es libre de pensamiento y que posee propia voluntad, es cautivo en un pantano del que no puede escapar, adormilado y en estado de trance, para intentar evitar el sufrimiento... innato de todos los seres vivientes desde el origen hasta el final. J.A
sábado, 1 de noviembre de 2008
miércoles, 29 de octubre de 2008
Mi Bar
Me hallo encerrado en mi bar
el corazón no me ha dejado de pesar,
para olvidarte hay que hacer una proeza
y solo se logra con una caja de cervezas.
Es de locos hablar solo
es mi octavo vaso de licor
y me siento un poco mejor.
Bien inspirado cuando me rasco
y no importa si te doy asco,
pues siempre te quise burda
y no te lo dije tomando curda.
No creo que mañana te haya olvidado
porque espero tenerte cerca, sabiendo que eres tú mi perdición,
además la mitad de mi corazón te has arrebatado
y sólo por ser apasionado me haces perder la razón.
Pues mi corazón tiene mucho de humano
Y muy poco de corazón….
José A. Daza
el corazón no me ha dejado de pesar,
para olvidarte hay que hacer una proeza
y solo se logra con una caja de cervezas.
Es de locos hablar solo
es mi octavo vaso de licor
y me siento un poco mejor.
Bien inspirado cuando me rasco
y no importa si te doy asco,
pues siempre te quise burda
y no te lo dije tomando curda.
No creo que mañana te haya olvidado
porque espero tenerte cerca, sabiendo que eres tú mi perdición,
además la mitad de mi corazón te has arrebatado
y sólo por ser apasionado me haces perder la razón.
Pues mi corazón tiene mucho de humano
Y muy poco de corazón….
José A. Daza
Crónica Ingeniosa
“Quieto o te mueres”, fueron las palabras que escuché aquella tarde antes de que se montaran dos hombres en mi recién comprada camioneta, en los alrededores de San Antonio del Táchira cerca de la frontera con Colombia, lugar donde establecí un pequeño negocio de casilleros postales desde hacía casi cinco años.
Es jueves son casi las seis de la tarde y ya el sol comienza a caer, había sido un día duro pero muy productivo así que conduzco contento casi eufórico por la carretera de regreso a San Cristóbal, escala de mi viaje a Caracas. Estaba escuchando la emisora más conocida de todo el Estado Táchira cuando decido bajar los vidrios de las ventanas para prender un cigarrillo, manejo unos minutos más y más adelante me encuentro con una especie de accidente en la vía, bloqueada por otros vehículos, la mayoría de estas personas estaban en trajes militares y esto me hace sentir la adrenalina típica del miedo, al disminuir la velocidad, tres de ellos accionan sus armas largas, las ráfagas hacen que se me caiga el cigarro sobre la butaca de cuero del copiloto quemándola en el instante, ¡Maldita sea!.
Se montan tres hombres con pasamontañas en el vehículo, me dicen que conduzca y que no los mire; manejo casi por una hora hasta llegar a un especie de fundo en medio de la carretera, allí me bajan de la camioneta y me montan en un carro pequeño con dos hombres vestidos de civil, ellos me sientan en el puesto de atrás, me piden mi número celular y una dirección donde puedan llevarme; me pareció inteligente pedir que me llevasen a la Posada de Lucía, hospedaje que queda cerca de mi negocio y es neutral.
Son casi las ocho de la noche cuando, finalmente, entro en la habitación de la hostería; me costaba asimilar lo sucedido, me habían quitado en unos pocos minutos por lo que había trabajado por tanto tiempo. Me quito los zapatos y aunque me cuesta demasiado, intento relajarme sobre la cama, sin embargo, mis depresivas cavilaciones evitan, hasta bien entrada la noche, que descanse apaciblemente. .
El tono del celular retumba en toda la habitación, los ojos se me abren violentamente y de un salto me levanto de la cama, un viejo reloj de agujas pegado a la pared de la habitación me advierte que son las seis y cuarto de la mañana, abro el celular y lo coloco en mi oreja sin decir nada: “Traiga dos mil bolívares fuertes a la Hacienda Sociedad está a 4 km. del peaje aquí lo esperamos con su carrito… no se le ocurra hacer nada y seguimos en buenos términos ¿me oyó?.”
Me lavo la cara, el agua que sale del grifo es helada, los pensamientos son miles y son inevitables; ¿por qué es tan barato el rescate?, ¿mi carrito? ese carrito me costó más de cien veces la suma que me piden, algo no está bien pero decido tomarme el riesgo y llegar al final de este agujero.
Salgo de la posada, huele a humedad, el día todavía está gris como es característico a estas horas de la mañana, voy a mi negocio a “hacer un retiro”, me es irremediable mirar hacia todos lados mientras camino y abro la puerta pequeña de la santamaría. Mi empleado, encargado del negocio, es un amigo de la zona que conozco de hace muchos años, se llama Miguel Angel, al verme entrar se impresiona pues creía que ya estaba en camino hacia Caracas, prefiero evitar explicaciones así que lo saludo y le digo que se me reventó un caucho y que tengo el carro en el estacionamiento de la posada; entro en mi pequeña oficina y saco el dinero de una gaveta de mi escritorio que abre con llave. Me despido descuidadamente y salgo sigilosamente del local. Al cruzar la calle me monto en un taxi y le doy la dirección del fundo.
Son casi las ocho de la mañana, le pago al taxista y le pido que me deje en el camino de tierra de la entrada principal. Unos metros más adelante, ya dentro de la hacienda hay un camión “trescincuenta” lleno de plátanos y cuatro hombres esperando, dos de ellos sorbían café, de una manera desagradable, de unos pequeños vasitos. Uno de ellos se me acercó y me dijo algo que no entendí, su voz es la que me habló por celular hace par de horas; le entrego la bolsa con el dinero y me pide que lo siga, caminamos a un pequeño galpón con techo de zinc y allí veo mi camioneta en perfecto estado, me entrega las llaves y me dice que me vaya por el mismo camino, no podía salir de mi asombro. Quiero salir ya de esta ciudad quiero llegar a mi hogar, aunque quedan muchas preguntas por responder no quiero pensar, sólo quiero manejar y manejar, y queda un pequeño espacio para agradecer a Dios.
Ya tengo seis horas manejando, creo que voy a mitad de camino y estoy un poco agotado, sin embargo sólo me detengo en las alcabalas, peajes y para tomar café negro y fumar. Ya pasé Paracotos y eso me hace sentirme ya muy cerca de casa; pasar el peaje de Tazón y observar Caracas desde arriba me da una sensación de placer como nunca la había sentido en uno de mis viajes de regreso, hogar dulce hogar.
Son las diez y media de la noche, por la cantidad de gente en la calle me doy cuenta que es viernes. Estaba entre el tráfico en un semáforo cerca de Los Chaguaramos cuando observo que la quemada del cigarrillo en el asiento del copiloto ya no estaba, en el instante mi cabeza comenzó a dar vueltas y segundos más tarde, tres hombres me apuntan con sus armas y se montan en la camioneta, corre la adrenalina pero la impresión es aún mayor; ¿otra vez?.
¡¡¿Qué es esto?!! Dije unas palabras sin darme cuenta: “Por favor pana; ya me la robaron y pagué el rescate… no lo puedo creer”. Me miraron, sonrieron, se miraron y me pasaron para los asientos de atrás: “Tranquilo... tu carrito no nos interesa”, saca un colosal cuchillo, de esos que se ven en las películas de Rambo, y lo clava en la butaca del copiloto abriéndola de arriba hacia abajo como si fuera mantequilla, luego comienza a escarbar y extraer panelas blancas, de cocaína o quién sabe que droga, el compañero ayuda a meter todo el botín en dos bultos, no me salen palabras; cada uno toma un bulto, se bajan y se motan en dos motos diferentes rotuladas como “mototaxis” que los esperaban discretamente en la cola.
Me quedo parado en shock en plena calle por más de cinco minutos, mi cerebro funciona a la velocidad de la luz, siento perfectamente mi respiración.
“Maldita sea tengo que cambiar la butaca”…
José A. Daza
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Es jueves son casi las seis de la tarde y ya el sol comienza a caer, había sido un día duro pero muy productivo así que conduzco contento casi eufórico por la carretera de regreso a San Cristóbal, escala de mi viaje a Caracas. Estaba escuchando la emisora más conocida de todo el Estado Táchira cuando decido bajar los vidrios de las ventanas para prender un cigarrillo, manejo unos minutos más y más adelante me encuentro con una especie de accidente en la vía, bloqueada por otros vehículos, la mayoría de estas personas estaban en trajes militares y esto me hace sentir la adrenalina típica del miedo, al disminuir la velocidad, tres de ellos accionan sus armas largas, las ráfagas hacen que se me caiga el cigarro sobre la butaca de cuero del copiloto quemándola en el instante, ¡Maldita sea!.
Se montan tres hombres con pasamontañas en el vehículo, me dicen que conduzca y que no los mire; manejo casi por una hora hasta llegar a un especie de fundo en medio de la carretera, allí me bajan de la camioneta y me montan en un carro pequeño con dos hombres vestidos de civil, ellos me sientan en el puesto de atrás, me piden mi número celular y una dirección donde puedan llevarme; me pareció inteligente pedir que me llevasen a la Posada de Lucía, hospedaje que queda cerca de mi negocio y es neutral.
Son casi las ocho de la noche cuando, finalmente, entro en la habitación de la hostería; me costaba asimilar lo sucedido, me habían quitado en unos pocos minutos por lo que había trabajado por tanto tiempo. Me quito los zapatos y aunque me cuesta demasiado, intento relajarme sobre la cama, sin embargo, mis depresivas cavilaciones evitan, hasta bien entrada la noche, que descanse apaciblemente. .
El tono del celular retumba en toda la habitación, los ojos se me abren violentamente y de un salto me levanto de la cama, un viejo reloj de agujas pegado a la pared de la habitación me advierte que son las seis y cuarto de la mañana, abro el celular y lo coloco en mi oreja sin decir nada: “Traiga dos mil bolívares fuertes a la Hacienda Sociedad está a 4 km. del peaje aquí lo esperamos con su carrito… no se le ocurra hacer nada y seguimos en buenos términos ¿me oyó?.”
Me lavo la cara, el agua que sale del grifo es helada, los pensamientos son miles y son inevitables; ¿por qué es tan barato el rescate?, ¿mi carrito? ese carrito me costó más de cien veces la suma que me piden, algo no está bien pero decido tomarme el riesgo y llegar al final de este agujero.
Salgo de la posada, huele a humedad, el día todavía está gris como es característico a estas horas de la mañana, voy a mi negocio a “hacer un retiro”, me es irremediable mirar hacia todos lados mientras camino y abro la puerta pequeña de la santamaría. Mi empleado, encargado del negocio, es un amigo de la zona que conozco de hace muchos años, se llama Miguel Angel, al verme entrar se impresiona pues creía que ya estaba en camino hacia Caracas, prefiero evitar explicaciones así que lo saludo y le digo que se me reventó un caucho y que tengo el carro en el estacionamiento de la posada; entro en mi pequeña oficina y saco el dinero de una gaveta de mi escritorio que abre con llave. Me despido descuidadamente y salgo sigilosamente del local. Al cruzar la calle me monto en un taxi y le doy la dirección del fundo.
Son casi las ocho de la mañana, le pago al taxista y le pido que me deje en el camino de tierra de la entrada principal. Unos metros más adelante, ya dentro de la hacienda hay un camión “trescincuenta” lleno de plátanos y cuatro hombres esperando, dos de ellos sorbían café, de una manera desagradable, de unos pequeños vasitos. Uno de ellos se me acercó y me dijo algo que no entendí, su voz es la que me habló por celular hace par de horas; le entrego la bolsa con el dinero y me pide que lo siga, caminamos a un pequeño galpón con techo de zinc y allí veo mi camioneta en perfecto estado, me entrega las llaves y me dice que me vaya por el mismo camino, no podía salir de mi asombro. Quiero salir ya de esta ciudad quiero llegar a mi hogar, aunque quedan muchas preguntas por responder no quiero pensar, sólo quiero manejar y manejar, y queda un pequeño espacio para agradecer a Dios.
Ya tengo seis horas manejando, creo que voy a mitad de camino y estoy un poco agotado, sin embargo sólo me detengo en las alcabalas, peajes y para tomar café negro y fumar. Ya pasé Paracotos y eso me hace sentirme ya muy cerca de casa; pasar el peaje de Tazón y observar Caracas desde arriba me da una sensación de placer como nunca la había sentido en uno de mis viajes de regreso, hogar dulce hogar.
Son las diez y media de la noche, por la cantidad de gente en la calle me doy cuenta que es viernes. Estaba entre el tráfico en un semáforo cerca de Los Chaguaramos cuando observo que la quemada del cigarrillo en el asiento del copiloto ya no estaba, en el instante mi cabeza comenzó a dar vueltas y segundos más tarde, tres hombres me apuntan con sus armas y se montan en la camioneta, corre la adrenalina pero la impresión es aún mayor; ¿otra vez?.
¡¡¿Qué es esto?!! Dije unas palabras sin darme cuenta: “Por favor pana; ya me la robaron y pagué el rescate… no lo puedo creer”. Me miraron, sonrieron, se miraron y me pasaron para los asientos de atrás: “Tranquilo... tu carrito no nos interesa”, saca un colosal cuchillo, de esos que se ven en las películas de Rambo, y lo clava en la butaca del copiloto abriéndola de arriba hacia abajo como si fuera mantequilla, luego comienza a escarbar y extraer panelas blancas, de cocaína o quién sabe que droga, el compañero ayuda a meter todo el botín en dos bultos, no me salen palabras; cada uno toma un bulto, se bajan y se motan en dos motos diferentes rotuladas como “mototaxis” que los esperaban discretamente en la cola.
Me quedo parado en shock en plena calle por más de cinco minutos, mi cerebro funciona a la velocidad de la luz, siento perfectamente mi respiración.
“Maldita sea tengo que cambiar la butaca”…
José A. Daza
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Número 1
Buenas noches. Este blog será nuestra vía de escape ante la realidad; suena ilógico ya que el título es la realidad de mi nombre, sin embargo trataremos de vomitar y escupir en este espacio lo real y surreal, lo formal y lo informal; cuentos, historias, opiniones, y trabajos de nosotros, hechos o datos interesantes y desconcertantes y todo lo que podamos plasmar día a día de nuestra vida y de la de los demás. Este blog comienza como una prueba, es una simple oruga de mariposa que debe tener una alimentación necesaria para desarrollarse y después convertirse en crisálida, sufrir la metamorfosis y romper el capullo convertida en una fuerte mariposa. En fin empezamos este blog con el fin de conectarnos, el camino dirá que sigue.
J.A.D.M y M.G.C.G
J.A.D.M y M.G.C.G
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